ELS INADAPTATS
Francesc Massip
‘Wolfenstein’ de Jordi Casanovas, amb Roser Blanch, Clara
Cols, Pablo Lammers, Sergio Matamala. Areatangent, 12 de gener.
El vilafranquí Jordi Casanovas (1978) és un dramaturg
emergent que s’està donant a conèixer gràcies
als premis teatrals que ha aconseguit: el Ciutat d’Alcoi amb
“Beckenbauer” i el Marquès de Bardomín amb
“Andorra” (ambdós el 2005) i el Josep Robrenyo
amb “Les millors ocasions” (2002). D’altra banda,
té companyia pròpia, la Flyhard, amb la qual ell mateix
duu a escena els seus textos, després de provar-los i reescriure’ls
durant els assaigs. Enguany és companyia “resident”
de l’espai de creació Areatangent, on acaba d’estrenar
“Wolfenstein”, primera peça d’una trilogia
sobre els videojocs que es completarà amb “Tetris”
(març) i amb “Simcity” (maig). En les seves obres
Casanovas dóna voltes i revoltes a l’entorn d’un
tema recurrent: els fils ocults que controlen el món. De fet,
els múltiples sistemes de govern i els seus representants polítics
no són més que delegats puntuals d’un poder en
l’ombra que ho acaba decidint gairebé tot. Aquesta evidència
contrastada reclou els protagonistes de “Wolfenstein”
en un rebuig del món que els envolta: s’atrinxeren en
un pis minúscul que es resisteixen a abandonar només
connectats amb el món a través d’un blog internàutic.
L’exterior els aterroritza. Inadaptació? Paranoia? Angoixa
vital? La por és un dels principals condiments de la tragèdia,
i la violència el seu correlat. La jove companyia es mou amb
frescor enmig la situació tensa i claustrofòbica que
es genera. Els diàlegs tenen força i combinen l’humor
amb el drama. Els personatges evolucionen cap a l’imprevisible
mentre exhibeixen les seves sinergies i antagonismes. La complicitat
del grup amb el seu autor/director afegeix interès a un treball
molt recomanable.
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Casanovas,
el electrificador
Atrapé por la cola la trilogía Hardcore videogames de
Jordi Casanovas (Vilafranca del Penedès, 1978), pero no importa.
Su City/ Simcity (sala Beckett), comentada aquí mismo el pasado
febrero, fue la pieza que nos alertó sobre la irrupción
de un autor y director que llegaba a la escena profesional con una
caligrafía nueva, un punto voraginosa, fresca y fascinante.
El jurado de la Crítica Serra d´Or de este año
no dudó en otorgarle el premio por su singular aportación
espectacular. La decisión fue unánime.
Ahora mismo, en el Versus Teatre están los antecedentes de
City/ Simcity,esto es, los dos ejercicios anteriores del referido
tríptico, Wolfenstein y Tetris,sólo representados meses
atrás en Areatangent. Y bien: el público joven y adolescente
que huye del teatro oficial y/ o comercial y que a menudo tropieza
con genios que confunden el antisistema con una patología narcisista
y esnob hallará en el Versus y en las dos propuestas de Casanovas
unos productos nutricios, gratificantes, capaces de alegrar los corazones
prematuramente aburridos o fatigados. Pero también el espectador
adulto que persigue intuitivamente los rastros de una posmodernidad,
no fatalmente catatónica ni paralizante, verá en Wolfenstein
y Tetris los signos de un lenguaje dramático que se renueva
sin artificios, relacionando la palabra y el movimiento escénico
con unas formas electrizantes, que nos retrotraen a las de ciertos
independientes de los años sesenta y setenta del pasado siglo.
Sé que no descubro nada nuevo al observar que el nivel de catalán
con el que se arma una amplia mayoria de nuestros bachilleres es deplorable.
Hardcore videogames tenía, no obstante, la obligación
de matizar dicha catástrofe. En los textos de Casanovas, estructural
y coloquialmente muy vivos, muy bien construidos, hay un abuso asfixiante
de interjecciones idénticas, corren los "vale" y
los "d´acord?" con mucha generosidad, y el "joder!"
es un grito constante que nos martillea hasta la exasperación.
Y ello en las tres piezas del ciclo, como si los personajes fueran
los mismos en todas ellas, lo cual no es así, claro.
Anotado ese fallo de escritura, de una clamorosa obviedad, todo lo
demás circula felizmente. Con agilidad y sobriedad, con originalidad,
con un ácido sentido crítico y con excelente humor.
En Wolfenstein,Jordi Casanovas nos habla de dos grandes manías:
la del explorador informático y la de la criatura paranoica
que se siente acosada por las fuerzas maléficas de la política
y del capital.
Encerrado el primero en un piso de menos de 30 metros cuadrados, aislado
del mundo, el hombre trata de provocar a la máquina con hipótesis
absurdas con cuyas respuestas formulará pronósticos
metafísicos con vistas a una supuesta felicidad ultraterrena.
La chica paranoica, por su parte, ha logrado plantear una doctrina
sincrética para la salvación de la humanidad.
Sin contacto con la realidad, ambos sacrificarán a su prójimo
más inmediato y ambos se lanzarán a un combate tan quimérico
como candoroso.
En su último tramo, el texto de Wolfenstein se desencuaderna
un punto y flaquea su interés. No así en el de Tetris,que
es una pieza redonda, jugando con la insatisfacción profesional
juvenil, con el fraude intelectual del fantasmón escalador,
con el miedo atroz de quien no tiene esclarecida su identidad sexual...
Las peripecias de esa comedia doméstica, donde no ocurren grandes
cosas, aunque éstas se aderecen con unas gotas de misterio,
se siguen con una atención y curiosidad muy ávidas.
Por lo que se cuenta y por cómo se cuenta, esto es, por la
espléndida dirección de Casanovas, con intuiciones y
efectos de mucha categoría que electrifican las situaciones,
y un uso inmejorable de los fundidos. Y, claro es, por una gran interpretación.
En este sentido las tres historias de Hardcore videogames son una
delicia. Roser Blanch, Clara Cols, Pablo Lammers y Sergio Matamala
conforman un cuadrilátero en perfecto equilibrio, capaz de
una exquisita esgrima entrecruzada o de un exacto tejido de complicidades.
El grupo es un todo orgánico, a cuatro voces, que se saben
todos los caminos del amor y del odio, de la agresividad y de la reconciliación.
Joan-Anton Benach
La Vanguardia 12/06/2007