2011- Un hombre con gafas de pasta

AINA tiene treinta años y sueña con ser escritora, pero no se atreve. Acaba de ser abandonada por su pareja. LAIA y OSCAR la quieren animar para que aproveche la oportunidad y haga realidad sueños que había aparcado: Escribir. Traerán a cenar a casa de AINA a MARCOS. El poeta capaz de enamorar con unos versos. MARCOS, pero, no se satisface con una cena llena de conversaciones banales, exige alimento espiritual. Actúa como un depredador. AINA, LAIA y OSCAR ven como se desmontan sus vidas. Ellos son frágiles, se han perdido en la apatía contemporánea, se han ahogado en la duda y  ÉL se aprovecha.

Dramaturgia, Dirección y Espacio Escénico >>

Jordi Casanovas

Intérpretes>>

Roser Blanch es AINA
Clara Cols es LAIA
Pablo Lammers es OSCAR
Sergio Matamala es MARCOS

Caracterización: Lorena Moró y Blanca Caminal
Fotografía: Roser Blanch
Ayudante de Producción: Marina Fita
Regidoría: Blanca Caminal
Técnico sala: Dani Martínez
Fotografía cartel: Roser Blanch
Fotografía: Paco Sierra

Producción: FlyHard Produccions

Duración del espectáculo: 90 minutos



CRÍTICA: TEATRO

Aína y el vampiro literario

JAVIER VALLEJO - Madrid – 07/03/2011

Atención al autor Jordi Casanovas y a Flyhard, joven compañía catalana que ha estrenado con éxito merecido una docena de comedias suyas: de haberlo querido él, alguna estaría llenando grandes teatros con repartos de campanillas, pero eso sería traicionar el espíritu de equipo que respira su trabajo y el de Roser Blanch, Clara Cols, Pablo Lammers y Sergio Matamala, sus actores. Son estupendos los cuatro: pasan por emociones extremas sin sobreactuar y se expresan con sinceridad rotunda. Casanovas escribe cada papel pensando en ellos, y se nota. Sus comedias hablan del aquí y ahora, con un toque paranormal. La ruina, estrenada en 2008, anticipó el actual crash económico. Algunas recibieron premios y la mayoría el reconocimiento de crítica y público.

Flyhard entra por fin en Madrid, por la coqueta puerta pequeña de la nueva sala AZarte, en Chueca, que le viene al pelo a Un hombre con gafas de pasta, comedia cómica aristotélica en la que se entreveran la crítica de costumbres, el suspense y el grand-guignol psicológico de comienzos del siglo XX. Encerrados en el comedor de la casa de Aina, librera abandonada por su novio, ella y sus amigos Óscar y Laia se vuelven del revés a medida que transcurre la cena a la que han invitado a Marcos, intelectual con el yo priápico.

Verosimilitud

Los intérpretes, muy bien dirigidos, tienen esa teatralidad natural de los actores argentinos de Claudio Tolcachir y Javier Daulte: verles es como espiar en casa ajena. Refuerzan esa impresión lo recoleto del escenario y el diseño de luz, que incorpora lámparas domésticas. Cerca del final, cuando la comedia, aún sin perder su ironía, se desparrama en situaciones de cine de terror y Casanovas fuerza la verosimilitud de ciertas reacciones, los actores consiguen con la actitud de sus personajes y la intensidad sostenida de su verdad que demos crédito sin desmayo a lo que está pasando.

Un hombre con gafas de pasta habla de cómo se encumbran ambiciosos sin talento, mientras gente valiosa queda en el anonimato: su crítica tendría otro efecto de haber perfilado Casanovas con más finura a ese vampiro literario sostenido por becas y ayudas a la creación.